sábado, 24 de abril de 2010

El vacío existencial

Del libro de Viktor Frankl el cual les recomiendo muchísimo saco estas líneas para reflexionar.
Al comienzo de la historia, el hombre perdió algunos de los instintos básicos que rigen la vida del animal y le confieren seguridad; una seguridad que, como el paraíso, le está hoy vedada para siempre: se ve forzado a elegir. Además, en las últimas épocas del progreso actual, el hombre ha sufrido otra pérdida nuclear: las tradiciones. Las tradiciones cumplían la misión de contrapeso de su conducta, y ahora se diluyen en la sociedad moderna a pasos agigantados. Carece, pues, de instintos que le impulsen a determinadas conductas, y ya no conserva las tradiciones que le indicaban los comportamientos socialmente aceptados; en ocasiones ignora hasta lo que le gustaría hacer. En su lugar, desea hacer lo que otras personas hacen (conformismo), o hace lo que otras personas quieren que haga (totalitarismo).
Mi equipo del departamento neurológico realizó una encuesta entre los pacientes y enfermos del Hospital Policlínico de Viena; en ella se puso de manifiesto que el cincuenta y cinco por ciento de las personas encuestadas acusaban, en mayor a menor grado, encontrarse en una situación de vacío existencial. En otras palabras, más de la mitad experimentaron, al menos en algún momento, la carencia del sentido de la vida.
El vacío existencial se manifiesta principalmente en un estado de tedio (aburrimiento). Hoy entendemos mejor a Schopenhauer cuando afirmaba que, aparentemente, la humanidad estaba condenada a oscilar entre los extremos de la tensión y el aburrimiento. De hecho, en la actualidad, el hastío genera más problemas que la tensión y, desde luego, envía a más personas a la consulta del psiquiatra. Toda esta problemática se agudizó en las últimas décadas, pues la progresiva automatización redunda en un gradual aumento del tiempo de ocio para los obreros. La pena de este desarrollo es que, quizá, muchos no sepan en qué emplear este tiempo libre recién conquistado.
Consideremos, como ejemplo, la "neurosis dominical", esa especie de depresión que aflige a algunos activistas al cesar el trajín de la actividad semanal y encontrarse, el fin de semana, a solas con su intimidad quizá vacía de sentido o de dirección. Si rastreáramos bastantes casos de suicidio nos toparíamos al final del camino con ese vacío existencial. Y tal vez, si consideramos el vacío existencial que les sirve de sustento comprendamos mejor el aumento del alcoholismo y de los fenómenos de delincuencia juvenil. Este mecanismo psicológico explica también las crisis de los jubilados y de los ancianos.
Todo ello sin contar que, con frecuencia, el vacío existencial se presenta bajo máscaras y disfraces. A veces, la frustración de la voluntad de sentido se compensa mediante la voluntad de poder, hasta en su expresión más tosca: la voluntad de tener dinero. En otras ocasiones, el vacío de la voluntad de sentido se rellena con la voluntad de placer. Y eso explica que la frustración existencial suela provocar un desenfreno libidinoso, e incluso que las pulsiones de la libido se mezclen con las agresivas.
Algo parecido sucede en las neurosis. Una sintomatología similar invade a las personas con una frustración de sentido; en ese vacío existencial germinan y florecen los procesos y mecanismos neuróticos. No obstante, nunca conseguiremos que el paciente supere ese estado si no complementamos su tratamiento psicoterapéutico con la logoterapia. La única manera para que esa persona no recaiga consiste en dotar de sentido su vacío existencial. Así pues, la logoterapia está indicada en todo tipo de neurosis.
La logoterapia en resumen nos habla de buscar el sentido a nuestra vida, un sentido que no es dado sino que tiene que ser buscado individualemente, es único.

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